miércoles, 4 de abril de 2012

Feliz y triste


Lo que me hace feliz es la miel de tu boca, 
tus ojos negros, que me han visto, 
tus blancas manos, 
la perfumada voz que produce tu garganta
porque soy todo yo tu propiedad 
y, como una brisa etérea mece 
las grises ramas de un nudoso olivo, 
así, gozosa y suavemente, 
mi corazón se balancea en tu recuerdo,
deseoso de alcanzarte. 

Mas horas hay, también, de aliento amargo 
en las que mis ensueños 
frenan con horror ante un abismo 
que corta, brutal, su galopada 
y, entre la fronda de la fatalidad que me asfixia, 
florece, triste, mi desesperanza. 
No hay desierto tan vasto
como la soledad de esas horas 
ni bálsamo que la cure tan poderoso 
como la espuma de tus labios.

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