sábado, 21 de abril de 2012

La dicha que siento

A ella

No hay medida
para la dicha que siento; 
y, si mi espíritu brilla, radiante,
como una luna en lo alto,
es porque te he dado mi alma;
y, si soy libre al fin
y está alojada en mi pecho
una esperanza más vasta
que el océano infinito,
es porque te he dado mi alma;
y, si la luz de tu nombre
es el norte que me guía
y todos los caminos que ando
me llevan a la alegría,
es porque te he dado mi alma.
No, amada, no hay medida
para la dicha que siento.


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