jueves, 26 de abril de 2012

La Niña de Sublime Rostro


A I.D.

Sus labios,
miel rizada que comba la dulzura misma,
son alegres como trinar de pájaros
y, bajo su frente de niña,
sus ojos felices sueñan un mundo
sin la mueca del Mal.
Llegó a mi puerto sombrío
con la flor de la amistad
prendida en su pelo de estrellas
para arrojar al abismo los espectros de mi dolor.
Su bondad me sanaba
pero su belleza me hería,
su palabra era bálsamo,
su mirada, una espada,
y, entre la miel derretida de mi afecto,
mil agujas de dolor me punzaban el pecho.

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