miércoles, 11 de abril de 2012

Los que no saben de amor

De amor, ¿qué sabrán 
los sabios que en su redil 
fatigan calculadoras 
y proyectan 
autómatas que digan hola? 

¿Qué sabrán de amor 
los que con ketchup enfangan 
a sus sufridos pacientes 
tan torpes de corazón 
como con el desayuno?

¿Qué, los que en los maletines 
han metido a cien millones 
y como a bestias los tratan
pues como se ven ellos 
así ven a los demás? 

¿Qué, los dueños del dinero, 
que vendieron cuando niños 
a su sombra, 
y conservan en un marco 
el billete que ganaron? 

¿Qué, los que estudian las vidas 
de las celebridades 
y se ceban con ellas, 
con cruenta vesania, 
aunque la suya es peor? 

¿Y qué, el hombre que va a misa 
casi todos los domingos 
y, cuando ve el sufrimiento,  
con hipócrita beatería, 
piensa que es un bien de Dios? 

¿Qué me importa a mí un amor 
que no sea el que te tengo,   
de corazón recto, 
libre y generoso, amigo 
del valor,
nunca traidor, siempre
fiel?
¿Qué me importa a mí un amor 
que se venda o que se compre 
o que no sea más que un número?

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