viernes, 11 de mayo de 2012

Febrero

Desde febrero, no hay hora 
que mi corazón no llenes 
y mi cabeza no ocupes; 
desde febrero, tú eres
el afluente de mi vida, 
fuente de infinita dicha, 
regocijo de mis días, 
báculo de mi esperanza; 
desde febrero, sin ti, 
ya no comprendo mi voz, 
ni mi aliento, ni mi ser, 
ni puedo seguir viviendo 
con el mismo corazón, 
ni la fuerza de la Tierra 
basta a mantenerme en pie; 
desde febrero, tu pecho, 
tan colmado de bondad, 
haciendo de mí un amigo, 
me hace su deudor eterno 
pues me da la primavera, 
el corazón y el destino; 
desde febrero, ha cesado 
la cautividad de mi alma 
pues tú extendiste tu mano 
con la dulzura de un ángel 
y le aliviaste la carga 
de las amargas cadenas. 

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