lunes, 14 de mayo de 2012

Prisión

En esta prisión perpetua
donde me tiene la vida, 
corazón abandonado, 
alma esclava del hastío, 
cuerpo frío, sin caricias, 
mirada fija en la muerte, 
el pensamiento sombrío, 
la boca sin esperanza, 
el pecho deshabitado, 
sin lágrimas ya los ojos, 
vuelvo a despertar de un sueño, 
vuelvo a sentir sus perfiles 
siniestros de soledad, 
el peso de sus paredes, 
hechas de la indiferencia, 
la agonía de sus horas, 
que transcurren vanamente, 
el penar de la existencia, 
despojada de alegría, 
mi litera miserable, 
que nunca me trae el descanso. 
Yo soñé por mi infortunio 
pues, gozando de la dicha 
más grande que nunca vi, 
se han querido abrir mis ojos, 
para despertar al horror. 
¡Qué dolor sentirse nada! 
¡Qué espanto desesperante 
ser del mundo un exiliado!

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