miércoles, 27 de junio de 2012

Canción de júbilo

A Isabela Dávila 

Llegaste como un misterio 
hasta mi puerto sombrío 
y, ahora, son alegrías 
lo que en mi pecho trafico. 

Tienes, tú, labios de miel 
y dedos de azucarillo; 
casi me tocas y besas 
cuando, arrobado, los miro. 

Eres tan dulce, mi niña, 
como un tierno pastelito, 
estar contigo es delicia 
de mi corazón de niño. 

Tiernamente, amor, te quiero 
mas con la fuerza de un río 
que, para preñar los campos, 
desborda con mucho brío. 

Eres tan bonita, niña, 
como el dulce Paraíso 
y tan inocente y noble 
como en el mundo no he visto. 

Mi afecto por ti es tan puro, 
hermoso y fiel pajarito, 
que cada día que pasa 
más adentro estás metido. 

Isabelita de mi alma 
mi dicha es que hayas nacido 
pues le faltaba a mi pecho 
la mitad que tú has traído. 

Eres una amiga fiel 
y yo soy tu fiel amigo, 
y es tanto lo que yo te amo 
que de alegría deliro. 

Venerada compañera, 
tu corazón me ha vencido 
y en el tratado de paz 
te quedas con mi latido. 

Hada hermosa, niña guapa, 
amado corazoncito, 
te quiero más que a ninguno, 
y como a nadie te ansío. 

Mi amor es el verdadero 
pues nada por él te pido, 
soy feliz si estás contenta 
y de lo demás me olvido. 

Ya nos trae la fiel paloma 
una ramita de olivo, 
en nuestras manos se mece 
una esperanza de siglos. 

Tiene el anhelo la Tierra 
de dar justicia a sus hijos 
y, en el murmullo del mar, 
se siente su doliente signo. 

Pronto llegará la hora 
del castigo del inicuo; 
relámpagos de justicia 
traerán mil lluvias de trigo

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