martes, 12 de junio de 2012

Dulzura infinita

A Isabela Dávila

¡Qué dulzura infinita, amiga, 
hay en tu noble mirada! 
A veces, mi niña, 
hay tristeza en tus ojos 
porque las sombras del alma, 
sin nombre, 
asoman en ellos 
y, aunque te quiero feliz, 
tan hermosos me parecen  
que abrazaría tu alma 
lleno de gratitud. 
Esos días de dolor, 
tu mirada es como un lago, 
y es tan hermosa, mi niña, 
que tu tristeza podría 
endulzar todo el océano.

¡Qué dulzura infinita, amiga, 
hay en tu noble mirada! 
El dolor marca, esos días, 
las horas de tu jornada 
y una inmensa pesadez 
invade tu corazón, 
quieres llorar y no sabes 
por qué te sientes así 
y, aunque no quiero que sufras, 
estás tan hermosa entonces, 
que besaría tu alma, 
amiga, 
lleno de gratitud 
por dejarme ver su belleza 
a través de esos ojos tuyos 
que me embrujan el corazón.

¡Qué dulzura infinita, amiga, 
hay en tu noble mirada! 
Desde que la tristeza he visto 
en tu mirada, 
ya no conozco belleza 
que en este mundo me plazca 
ni nada que pueda amar 
más allá de tus negros ojos, 
tus ojos negros de niña 
más lindos, amiga, 
que el cielo, 
en una noche de luna. 
No quiero que estés triste, 
mi hermoso bien, 
pero, cuando tus ojos miran 
con esa melancolía, 
¡qué dulzura infinita, amiga, 
hay en tu noble mirada! 

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