sábado, 2 de junio de 2012

La Caricia de tu Alma

A Isabela Dávila

Hasta tu digna nobleza,
sólo una amistad sencilla, 
armada de la bondad, 
y una hueste de alegrías
le pueden dar el poder 
a esta entregada alma mía 
de subir para ganar 
la flor de tu compañía. 
Y este amor dulce, que anhela 
la evanescente caricia 
de tu alma angelical, 
no comprende ya la vida 
si cada instante que pasa 
no recuerda tu sonrisa, 
que, entre tus labios de espuma, 
es como la luz del día. 
Mi corazón te venera 
y con esperanza ansía 
hallar en tu dulce pecho 
el afecto de una amiga, 
en tus ojos, el calor 
de una niña que me mira 
y, en tus manos, voluntad 
para curar las heridas 
que han poblado mis entrañas 
de una soledad maldita. 

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