martes, 26 de junio de 2012

Lo que no se acaba nunca

A la que ha visto mi alma de niño 

Todo se acaba, 
mi niña, 
cualquier cosa, 
todo
tiene asignado un tiempo 
y, cuando se cumple, 
desaparece 
de nuestra vida... 
Así ocurre, 
mi niña, 
con las hamburguesas, 
que, después de diez minutos, 
dejan 
de deleitarnos el paladar
y, ya invisibles, 
achicharran 
nuestro estómago. 
También se acaban 
las telenovelas, 
en medio de lujosas bodas, 
que hacen llorar 
al ama de casa 
más que a las madres 
de las novias 
porque se quedan 
sin su diversión de sobremesa. 
Y se acaba 
el verano, 
y, con él, 
la exhibición 
de las barrigas, 
y el engorro 
de las moscas. 
¿Pero sabes, 
pequeña mía, 
que lo que yo te quiero, 
aunque todo se acaba, 
no termina nunca? 
Niña mía, 
no termina 
porque, cada vez 
que acabo de quererte, 
muy rápido, 
vuelvo a empezar 
con más amor todavía. 
Y, por eso, 
pequeña, 
mi afecto por ti 
es mejor 
que una hamburguesa, 
una telenovela, 
o el mismo verano. 
Disfrútame, 
niña, 
sin preocupaciones 
que te voy a durar 
toda la vida. 

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