domingo, 17 de junio de 2012

Mi niña duerme

A Isi Dávila

Mi niña preciosa duerme 
con un aroma de rosas, 
abandonados sus miembros 
en la silenciosa alcoba; 
duerme en su cama dorada 
con el sopor de las horas 
enervantes de la siesta; 
su pelo negro con ondas 
el alba mejilla oculta 
y un mechón muerde su boca, 
carbón que brasa no prende; 
sus pestañas candorosas 
se rozan como un ocaso; 
sobre sus cejas graciosas 
su frente mana unas perlas 
y una brisa redentora 
que empuja con suavidad 
el cendal que hace las sombras 
dando en su rostro sagrado, 
cuanto le mana, evapora. 
Quisiera yo que esa frente, 
que mi corazón adora, 
en el sueño sumergida, 
soñara conmigo ahora 
para que en el pensamiento 
a esta niña tan hermosa, 
por un segundo siquiera, 
no le cupiera otra cosa. 

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