lunes, 25 de junio de 2012

No eres mi librera

A Isabela Dávila

No sé qué diablos tengo, 
que no lo entiendo...
Veamos: 
tú 
y yo 
somos dos... 
cada uno es uno; 
no eres 
ni mi librera, 
ni quien me da trabajo, 
ni mi panadera, 
ni me sabes arreglar 
las averías de mi Kangoo, 
ni vendes lotería, 
ni helados en el verano, 
cuando apetece tanto un refresco... 
entonces, 
¿por qué te necesito tanto, 
por qué te busco sin cesar 
dentro de mí, 
por qué siempre que llegas 
mi vida florece como las rosas? 
Y yo no soy 
ni tu librero, 
ni quien te da trabajo, 
ni quien te vende el pan, 
ni quien te arregla 
las averías de tu coche, 
ni quien te vende lotería, 
ni helados en el verano, 
cuando tan ricos están... 
entonces, 
¿por qué vienes a hablarme, 
por qué dices que me quieres, 
por qué hablas conmigo 
y no 
con tu librero, 
con quien te da trabajo, 
con quien te vende el pan, 
con quien te arregla 
las averías de tu coche, 
con quien te vende la lotería 
o los helados en el verano? 
¡Ay, niña, 
que no lo entiendo, 
que se me escapa, 
que esto es absurdo, 
que esto es muy raro, 
que me desborda 
porque no sé 
por qué nos pasa! 
Pero, paloma, 
paloma mía, 
sin entenderlo, 
es lo que quiero 
tener por siempre 
pues para mí 
tú vales más 
que mi librero, 
mi editor, 
mi panadero, 
el que me arregla 
las averías de mi Kangoo, 
y el que me vende la lotería 
o los helados, 
aunque el verano 
ya comenzó. 

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