domingo, 10 de junio de 2012

Oda a Isabela

A Isabela Dávila

Son tus pestañas, 
mi niña, 
remos de ébano 
para los galeotes que hacen, 
en los hombres que miras, 
tus ojos negros. 
Eres más hermosa, 
mi niña, 
que habitar los Campos Elíseos, 
más sabia 
que la audaz Hipatia, 
y más voluntariosa 
que el fornido Hércules. 
De gozo está lleno, 
mi niña, 
mi corazón, 
enternecido porque tus labios, 
bellos labios de canela, 
me han dado el nombre de amigo. 
Tendrá el tiempo poder, 
mi niña, 
para reducir a escombros, 
los sólidos templos egipcios, 
pero no para hacerme olvidar, 
aunque viviera más que el universo, 
el afecto inmenso 
que me inspiras. 

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