jueves, 5 de julio de 2012

El dulce fluir de la vida


A Isabela Dávila, 
Susana Escarabajal, 
Bea Magaña 
y Julia Siles.

Con nostalgia en el corazón, 
mueren los hombres;
la tristeza fustiga nuestro pecho, 
que se abate al menor peso. 
No podrá nunca nadie 
liberarse de las penas 
ni por un solo día 
y, sin embargo, 
¡qué dulce es vivir, 
qué dulce, 
morder, con mis dientes de barro, 
el cálido fruto de la eternidad! 
Nuestra fortuna ha querido 
que siempre haya un amanecer 
para aquél a quien alienta la esperanza. 
¡Qué apaciblemente pasan los días 
para un corazón que no teme! 
¡Qué afable es la existencia 
en el mediodía del alma! 
Honda es la huella que deja, 
en el espíritu, 
la felicidad. 
Cuando lo inflama el afecto de un amigo 
o el frenético amor, 
la plenitud abre sus pétalos 
en su regazo risueño 
y, libre de sombríos presagios, 
encuentra su inmortalidad 
entre lo perecedero. 


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