sábado, 14 de julio de 2012

Libertad

A Isabela Dávila

Caras consternadas anuncian, 
con agorero dolor 
desde que tenemos conciencia, 
que el hombre es débil 
y su infelicidad
sólo es menor 
a su incapacidad para ser libre. 
Pero hoy siento, 
en la hondura de mi pecho, 
el impulso de cantar 
mi anhelo sin freno de libertad. 
En la hondura de mi pecho, 
con poderoso frenesí, 
la pasión se me desborda 
pidiéndome 
que en mil pedazos rompa
las cadenas de mi esclavitud. 
La pasión se me desborda
pues mi alma ha recordado 
que soy humano y respiro 
y comparto la Tierra 
con las nobles montañas. 
Soy humano y respiro 
y de mi corazón he de sacar 
un grito jubiloso y anhelante, 
arrancar de mi entraña
la voz ardiente que aclama 
el final de mi esclavitud. 
Arrancar de mi entraña 
hoy he querido 
esta irreverente oración 
por la felicidad del hombre. 
Desúnzase el hombre 
del yugo mezquino de la rutina, 
haga despertar a su alma, 
recuerde que solo tiene una vida 
y es solo para amar.

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