sábado, 7 de julio de 2012

A una amiga

A Isi Dávila

Tus hermosos labios 
no quieren darse a los míos, 
mi corazón no te tiene; 
serás de otros brazos; 
la fatalidad me arrebata 
el calor de tus miembros 
y me destierra de tu vientre; 
así lo ordena 
un destino riguroso. 

Pero un prodigio 
ha acercado nuestros corazones, 
tan distantes alguna vez, 
tan diferentes cuando se encontraron
y, ahora, fuertemente entrelazados 
por la poderosa voz 
de un sencillo afecto; 
ese prodigio es obra 
de nuestra libérrima voluntad. 

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