viernes, 21 de septiembre de 2012

Esperanza

A Isabela Dávila

Dulce amada, 
una espesa bruma 
borra el sendero 
que me lleva a ti 
pero la fe me guía 
y mi corazón no ignora 
que, más allá 
de este espeso velo de plata, 
brilla como una aurora 
el mágico fulgor de la esperanza; 
mis pasos ya no vacilan, 
sin descanso me conducen, 
con luminoso optimismo, 
hasta tu anhelado regazo. 

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