domingo, 23 de septiembre de 2012

Felicidad

¿Quién puede decir que el Mundo 
es un doloroso valle, 
con las lágrimas regado, 
sino un pecho en que no cabe 
la alegría del amor 
y una lengua que no sabe
de agradecimiento y fe?
Deja, dulce niña, que ame
tu corazón, tan hermoso
como el aliento de un ángel,
deja que diga tu nombre,
ese que, como una llave,
abre la puerta del mío,
deja que mis ojos te hallen
y que su turbio mirar,
enamorado, se aclare
y vean tu misma esencia,
tu realidad más estable,
tu más pura intimidad
de ser que vive y me sabe;
si me dejas, Isabela,
mi corazón entregarte,
creer siempre en este afecto,
y mi vida dedicarte,
lleno de agradecimiento,
¿cómo renegar de un mundo,
tan dulcísimo y afable,
tan milagroso y feliz,
donde he podido encontrarte?
Mi única meta eres tú,
toda mi alegría, amarte.  

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