domingo, 9 de septiembre de 2012

Los sueños caen al abismo

A Isi 

Los sueños caen al abismo,
derrotados por la vida,
el sufrimiento del mundo
es espuma del engaño;
tus deseos abandona,
abandona la ilusión
de tus felices quimeras,
no busques lo que no tienes,
pídele a tu corazón
la enhiesta sabiduría
de los sabios epicúreos;
solo la sabia renuncia
a los locos devaneos
y a los caprichos del alma
deja una limpia alegría
en un pecho razonable;
firme es la satisfacción
del espíritu que sabe
abandonar los deseos,
vanos padres del dolor,
y se aplica a superar
su llana necesidad...
Una voluntad de hierro
la felicidad alcanza,
un alma disciplinada
sabe gozar de la vida,
de una vida en que el amor,
¿no es verdad, amiga Isi?,
no es una pasión sublime
sino un leve sentimiento
que no perturba tu sueño,
ni te quita el apetito,
ni busca labios de nadie,
ni manos que sujetar,
ni se refleja en los ojos,
ni te hace morir de afán,
ni soñar con un abrazo...
No, Isi, no sientes por mí
las locuras que yo siento,
en tu venturosa vida,
no conoces la pasión
hacia mi alma desdichada.
Quisiera yo ser tan fuerte,
tan sensato, equilibrado
y racional como tú,
pero eres tan guapa, niña,
eres tan hermosa y dulce,
tan bondadosa y tan tierna,
Isabelita querida,
te quiero con tanta fuerza,
llevado por tus bellezas,
me ha penetrado tan dentro
la sencillez de tu pecho
que solo pena y dolor
hay en mis amargas horas
porque mi juicio extraviado
quiere que a ti te codicie
más que a la felicidad. 

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