lunes, 17 de septiembre de 2012

Ya no temo



A Isabela

Cuando te espero y no llegas, 
cuando los días pasan 
y tú no vienes, 
con amargura, 
me despido de las noches 
y la luz de las mañanas 
no entra en mi corazón. 
Isabela, 
una sombría inquietud 
me embarga cuando estás lejos 
pero hoy, al fin, 
mi fe renace 
y la luminosa esperanza 
me sale al paso. 
La ansiedad ya no me perturba 
y espero tu regreso 
con ánimo alegre y tranquilo. 
Al recordar cuánto te amo, 
mi pecho ha comprendido 
que nunca te perderé; 
la mano de un ángel 
guía tu rumbo 
y sabe traerte de nuevo hasta mí 
pues nuestro destino, 
protegido por los dioses del amor, 
es la felicidad más grande. 

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