miércoles, 17 de octubre de 2012

Abrigas todas las bondades

A Isabela

El alma se corrompe 
cuando el corazón calla, 
oprimido por el orgullo. 
Patético despojo es el hombre 
que niega a su pecho el amor 
entregado 
al vano cuidado de sí mismo 
por el que lo pierde todo. 
El Mal habita la conciencia 
de quien se somete 
al tedioso culto a las cosas, 
horrible agravio al amor. 
Pero tú, Isabela, 
que el alma tienes de niña 
y eres sencilla y dulce, 
tú, que tienes los labios 
cerca del corazón 
pues son tributarios 
de la verdad y la belleza, 
tú, que eres libre y desdeñas 
la insufrible mezquindad, 
tú abrigas todas las bondades 
que en gracia y hermosura se resuelven 
y, sin vacilación, me mueven 
a hallarme, todo, en ti. 

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