lunes, 1 de octubre de 2012

Dejaré algún día

Dejaré algún día 
esta dulce luz del Mundo 
y entraré en el eterno olvido 
al que pertenecemos. 
En el camino de mi agonía 
me volveré a encontrar, 
huéspedes del corazón, 
con las dulces horas de afecto 
que amasara entre las almas bellas. 
Me despedirán de la vida 
los corazones desnudos 
que amé tiernamente, 
las mujeres que dieron 
sensatez a mi pecho, 
las amigas del alma que calmaron 
mi sed y mi frío. 
No se borrará su huella de ternura 
sino cuando la mano yerta de la Muerte 
se pose sobre mi frente 
y me entregue a un dulce sueño infinito. 
Y, en esa corte 
de corazones niños 
cuyos rostros hermosos volveré a mirar, 
tú serás la reina, Isabela, 
dulcísima avecilla de quien aprendí 
a quebrar los barrotes de mi jaula de plomo 
y a amarte 
dejándote que volaras lejos de mí. 
Dejaré un día 
esta dulce luz del Mundo 
y entraré en el eterno olvido 
al que pertenecemos 
pero este amor tan verdadero que me inspiras, 
tan libre, generoso e infinito, 
este afecto que espolea mis entrañas 
para dirigirlas al Bien, 
quizá pueda forzar puertas prohibidas 
y darme claridad 
aun en las ciegas regiones de la Muerte. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario