domingo, 28 de octubre de 2012

Que escuche el mundo

Quiero que escuche el mundo, 
Isabela, 
que mi corazón te ama 
y abomina de todo lo otro 
que lo aleje de tus ojos de Luna 
y de tu boca de espuma 
y que, si me abandonaras 
por mi odiosa necedad, 
no habría consuelo para mi alma 
por el horrible dolor 
que habitaría mi pecho; 
quiero que lo escuche el mundo, 
quiero que lo escuche 
aunque, por ello, haya de soportar 
la afrentosa burla de aquellos 
que de buen gusto se alaban, 
el indignado reproche de quien quisiera 
que dedicara mis versos 
a los grotescos asuntos políticos 
o el cansino consejo 
de los temperados enemigos de la pasión, 
moderados aprendices de psicología 
que parecen temer 
con supersticioso horror  
un corazón lleno de sentido 
que ha alcanzado 
el oculto secreto de la vida. 

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